Señales para la detección temprana en TEA - Motriko
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Señales para la detección temprana en TEA

Cada vez existen más estudios que demuestran que un diagnóstico y atención temprana del Trastorno del Espectro Autista puede facilitar que el niño mantenga una relación más saludable y armónica con su entorno en el futuro. El diagnóstico tiene que ser realizado por un profesional de la salud mental, en este caso un psicólogo clínico, aunque a veces son los propios padres o los maestros los que detectan los primeros signos.

Es muy importante que todas aquellas personas que se relacionan con niños pequeños (padres, educadores y profesionales de la salud) puedan conocer bien las señales que en los primeros años de vida podrían facilitar la detección temprana del trastorno del espectro autista.

¿Cuáles son las señales que debemos tener en cuenta?

A continuación exponemos algunas señales que, según el Centre de Formació i Recerca Carrilet, pueden ser indicadoras de la presencia del Trastorno del Espectro Autista. Es importante tener en cuenta que al menos tendría que haber más de 2 o 3 de estos signos, de forma intensa y duradera, ya que todos los niños pueden mostrar estos comportamientos de manera puntual o en períodos sensibles para ellos (inicio de la guardería, llegada de un hermanito/a, partida de uno de los progenitores, proceso de adopción, etc.). Y, aún en caso de tratarse de conductas repetidas y duraderas, su detección justifica una consulta profesional para poder descartar que haya algún problema en el desarrollo.

De los 2-3 a los 6 meses de vida, se pueden observar los siguientes signos:

  • La mirada del bebé evita el contacto ocular de forma reiterada, o bien se trata de una mirada fija, absorta, sin apenas parpadeo ni reciprocidad.
  • La sonrisa puede ser congelada, como “desafectivizada”, o bien no aparece la sonrisa social, que es tan importante para facilitar la vinculación entre los papás y el bebé.
  • La reacción al entorno puede ser excesiva (p.e. cualquier estímulo le irrita) o inexistente (p.e. apenas reacciona ante sonidos fuertes o al dolor). Es un bebé muy ruidoso, o por el contrario, demasiado silencioso. Algunas familias se preguntan si tiene problemas de audición porque no reacciona a la voz humana (no responde a su nombre, se le llama y no se gira, etc.).

De los 6 a los 12 meses de vida, se pueden observar los siguientes signos:

  • El balbuceo no aparece, es decir, no hay comunicación verbal de ningún tipo; o bien, se trata de un balbuceo constante, repetitivo y no comunicativo (no hay intercambio, no hay diálogo de mirada y balbuceo, no hay emoción en juego ni reciprocidad).
  • La separación materna es vivida con un llanto e angustia inconsolable por parte del niño, o bien el niño no reacciona ante la partida de su madre o sus educadores referentes.
  • La relación con el otro es casi inexistente (por ejemplo nunca inicia una interacción con el adulto por sí mismo, no busca proactivamente su atención, en algunos casos parece que rechaza el contacto corporal), o bien es un niño con un acercamiento corporal excesivo (algunos padres sienten que es como una “ventosa” o una “lapa”, está demasiado “pegado” a ellos).

Los niños diagnosticados dentro del espectro autista a menudo muestran mayor interés por los objetos que por las personas, y en general para los adultos es poco placentero relacionarse con estos niños, porque de alguna manera es como si no hubiera diálogo, reciprocidad o interés.

¿Cómo puede la psicomotricidad terapéutica ayudar a los niños con autismo?

Un niño con autismo nunca dejará de serlo, pero se pueden hacer muchas cosas que pueden ayudarle a adquirir una mayor autonomía y apertura a su entorno, alcanzar cierto placer en las relaciones, mejorar su capacidad comunicativa, y vivir más relajado y alegre, es decir, menos angustiado.

En las sesiones de psicomotricidad, a través de la relación con el terapeuta y las oportunidades de juego que ofrece la sala, el niño puede empezar a poner en juego sus angustias de forma gradual en un espacio contenido. La sala de psicomotricidad permite al niño con autismo reelaborar sensaciones muy profundas de malestar, y vivenciar nuevas experiencias de relación que le permitan sentirse seguro ante la presencia del otro.

Las familias que han llevado a su hijo a terapia psicomotriz refieren que, con el paso de los meses, ven que sus hijos se muestran más tranquilos y seguros (p.e. ya no lloran desconsoladamente cuando van al colegio o se van a dormir, sino que se muestran más alegres), sus habilidades sociales mejoran, la relación corporal y emocional con su entorno es más adecuada, y en general van flexibilizando sus patrones rígidos de relación.

Si tienes un/a hijo/a diagnosticado de autismo, o has detectado signos en su comportamiento que te preocupan, puedes solicitar una consulta profesional ahora para abordar esta cuestión con mayor profundidad y/o empezar un tratamiento de terapia psicomotriz.