El autismo infantil ¿qué es? - Motriko
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El autismo infantil ¿qué es?

El autismo es un trastorno neurobiológico del desarrollo que se manifiesta en los primeros 3 años de vida y que perdurará a lo largo de todo el ciclo vital; sin embargo, hay veces en que no se detecta hasta más tarde, cuando las exigencias del entorno social empiezan a superar las capacidades relacionales del niño.

Según los manuales diagnósticos más actuales, el autismo se caracteriza por afectar a las áreas de la comunicación, las relaciones sociales y la conducta; sin embargo, sus manifestaciones pueden ser muy diversas, y también hay distintos niveles de gravedad. Por ese motivo se le suele llamar Trastorno del Espectro Autista (TEA), considerando por ejemplo el Síndrome de Asperger dentro de este espectro.

Es un trastorno que afecta a un 1% de la población y es más frecuente en niños que en niñas, con una proporción de 4 a 1. Es un trastorno sin una única causa clara, aunque se sabe que los factores genéticos tienen un peso importante, así como también hay aspectos de la historia del niño y del entorno que pueden propiciar su aparición.

Cada vez existen más estudios que demuestran que un diagnóstico y atención temprana, cuando se manifiestan los primeros síntomas, puede facilitar que el niño mantenga una relación más saludable y armónica con su entorno en el futuro. El diagnóstico tiene que ser realizado por un profesional de la salud mental, en este caso un psicólogo clínico, aunque a veces son los propios padres o los maestros los que detectan los primeros signos.

Es muy importante que todas aquellas personas que se relacionan con niños pequeños (padres, educadores y profesionales de la salud) puedan conocer bien las señales que en los primeros años de vida podrían facilitar la detección temprana del trastorno del espectro autista (leer más).

Los niños diagnosticados dentro del espectro autista a menudo muestran mayor interés por los objetos que por las personas, y en general para los adultos es poco placentero relacionarse con estos niños, porque de alguna manera es como si no hubiera diálogo, reciprocidad o interés.

Además, son niños muy centrados y “absorbidos” por las sensaciones. Por ejemplo, usan los objetos de una manera muy sensorial y no simbólica, mientras que en el desarrollo normalizado, entre los 12 y los 18 meses, lo niños ya empiezan a hacer uso simbólico de los objetos: aparecer-desaparecer bajo la sábana, llenar-vaciar recipientes, etc.

Otra área que caracteriza a los niños con TEA es la tendencia a hacer estereotipias verbales o motrices: ecolalias, repetir palabras o frases fuera de contexto y de forma desafectivizada, movimientos estereotipados (p.e. aleteo o caminar de puntillas de forma constante) o rituales rígidos (p.e. alinear objetos, fijaciones u orden rígido por colores, etc.). Aparentemente estas conductas no tienen ningún propósito ni sentido, aunque los niños con TEA lo hacen para mantener un equilibrio interno. Se aferran a estas formas de actuar porque así se autoestimulan y conquistan una sensación de control.

A medida que van creciendo, esas estereotipias también se pueden ir transformando o complementando con intereses restringidos y exhaustivos: por ejemplo muestran un gran interés por un solo tema (series de números, pomos de puertas, tipos de animales…) y les cuesta mucho abrirse a otros tipos de comunicación y relación con el entorno.

¿Cómo puede la psicomotricidad terapéutica ayudar a los niños con autismo?

Un niño con autismo nunca dejará de serlo, pero se pueden hacer muchas cosas que pueden ayudarle a adquirir una mayor autonomía y apertura a su entorno, alcanzar cierto placer en las relaciones, mejorar su capacidad comunicativa, y vivir más relajado y alegre, es decir, menos angustiado.

En las sesiones de psicomotricidad, a través de la relación con el terapeuta y las oportunidades de juego que ofrece la sala, el niño puede empezar a poner en juego sus angustias de forma gradual en un espacio contenido. La sala de psicomotricidad permite al niño con autismo reelaborar sensaciones muy profundas de malestar, y vivenciar nuevas experiencias de relación que le permitan sentirse seguro ante la presencia del otro.

Las familias que han llevado a su hijo a terapia psicomotriz refieren que, con el paso de los meses, ven que sus hijos se muestran más tranquilos y seguros (p.e. ya no lloran desconsoladamente cuando van al colegio o se van a dormir, sino que se muestran más alegres), sus habilidades sociales mejoran, la relación corporal y emocional con su entorno es más adecuada, y en general van flexibilizando sus patrones rígidos de relación.

Si tienes un/a hijo/a diagnosticado de autismo  puedes solicitar una consulta profesional ahora para abordar esta cuestión con mayor profundidad y/o empezar un tratamiento de terapia psicomotriz.